El Estudiante

Fui un buen estudiante, de esos qué esforzándose poco, sacan notas aceptables para no repetir nunca un curso.

Más de letras que de ciencias. La Geografía, la Historia y las Humanidades siempre fueron mi fuerte.

Igual que mis hermanas, empecé primaria en un colegio “nacional”, así se llamaba durante la Dictadura a la enseñanza pública para los pobres.

A los 9 años mis padres me cambiaron a una academia privada, Academia Avellaneda, en el barrio de Verdún. La justificación vergonzosa, propia de la ideología fascista imperante en aquella época, es que a las niñas no les hacía falta quitarlas del colegio “nacional”, ya que con saber leer y escribir les era suficiente, hasta encontrar un marido que las retirara de trabajar.

En esa Academia acabé primaria; secundaria y Comercio, hasta los 14 años. Comercio era una suerte de Formación Profesional Administrativa, con la que obtuve mi primer título: Tenedor de Libros.

La Academia acabó resultando gratis a mi familia, ya que mi padre era trabajador de la Compañía de Tranvías de Barcelona, y en esa empresa becaban a los hijos de los trabajadores que sacaban buenas notas.

Con 13 años comencé a trabajar en una empresa de artes gráficas, cortando tapas de discos.

A los 14 cambié a una del metal: Recambios América, en la calle Provenza de Barcelona, donde me emplearon como administrativo.

A los 15 en Transportes Gerposa en el barrio de Pueblo Nuevo, también de administrativo.

A los 16 entré en el Dpto.de Importación Exportación de una gran empresa del metal: MACOSA.

A pesar de tener un horario muy largo, de 9 a 18 h. retomé los estudios nocturnos de 19 a 22 h. en una academia privada de la calle Portal del Angel, muy cerca de las oficinas de MACOSA, en la calle Ausias March. Ahí hice el Bachillerato nocturno, del que se examinaba en el Instituto Jaime Balmes de la calle Lauria, y a continuación el Peritaje Mercantil, del que se examinaban en la Alta Escuela de Estudios Administrativos de Sabadell.

De esos estudios guardo dos anécdotas que me marcaron profundamente.

La primera es que tuve que enfadarme con mis padres para poder continuar estudiando, ya que me pedían que dejara los estudios y en su lugar hiciera horas extras. Teniendo en cuenta que mi padre tenía 2 empleos simultáneos y 2 pisos alquilados de los que cobraba renta, me pareció injusto, ya que desde mi primer sueldo, a los 13 años, siempre lo entregaba íntegro a mi madre.

La segunda vino algo más tarde. A punto de acabar el Peritaje Mercantil, con 19 años, José A. Sánchez Carreté el Secretario General del clandestino PTE, en el que llevaba militando desde los 15 años, me ordenó que dejara los estudios para “proletarizarme”:

“Deja las oficinas y haz que te envíen a la fábrica. Allí hay 2.000 obreros esperando a que alguno de nosotros vaya a enseñarles cómo hacer la revolución proletaria. Hay que organizarlos. Además, en la sociedad socialista a la que aspiramos, no harán falta tus estudios sobre el Debe y el Haber de los balances, por que habremos suprimido la Plus Valía…”

Yo entonces no era consciente de que pertenecía a una secta. Los valores internos de la organización eran la disciplina, la fe ciega en el mando y el cumplimiento de las consignas que enviaban desde la dirección, que nunca se discutían, ya que funcionabamos en la clandestinidad, bajo los principios del “Centralismo Democrático”, traducido: Verticalismo en la toma de decisiones. Si a eso le sumamos que en las reuniones de célula, alguno colocaba la pistola encima de la mesa, no cabían ni las dudas, ni las vacilaciones. La acción sustituía toda reflexión.

Javier Marín

Así que a los 19 años, dejé los estudios, satisfecho de que la dirección se hubiera fijado en mí, y me fui a la fábrica de Pueblo Nuevo, a organizar la 1ª célula obrera del PTE en la Macosa, como Secretario General.

Esta anécdota no pasaría de ser una más de entre los muchos jóvenes que dedicamos nuestra vida a luchar contra la Dictadura, dejando los estudios a medias, si no fuera porque el citado J.A.S.Carreté apareció en los años 80, como asesor financiero de Jordi Pujol, cuando este fue denunciado por el desfalco en Banca Catalana. Justo lo contrario de lo que podría esperarse de un dirigente comunista.

Desde entonces, 1972 hasta 1979, interrumpí mis estudios y me dediqué en cuerpo y alma al multi-activismo político: en el Partido; en el Sindicato; en la Asociación de Vecinos de Poble Nou; en las Plataformas Democráticas; yéndome voluntario al ejército para aprender el manejo de las armas y quedarme en Barcelona para organizar el nuevo Sindicato de Soldados. coordiné 9 cuarteles de Cataluña, y colaboré con la UMD (Unión Militar Democrática) que ya habían organizado los oficiales. El capitán Gabriel Cardona comandaba la IV Compañía militar del Cuartel del Bruch y me dio refugio bajo su mando dándome el “pase per nocta” para que pudiera dedicarme a organizar a los soldados en lo que fue la UDS (Unión Democrática de Soldados). Poco después empezaron las detenciones y los consejos de guerra para sus integrantes.

Licenciado después de 2 años, en 1974, retomé el activismo político dedicándome principalmente al “Movimiento Obrero”.

Quedé señalado después de haber parado la fábrica para celebrar la muerte del Dictador y la coronación de Juan Carlos I.

El 20 de abril de 1976 fui detenido frente a la Maquinista, liderando la “Huelga General Revolucionaria” (por nombres rimbombantes nunca quedaba). Los piquetes de huelga se arremolinaron e intentaron sacarle de “la lechera” que así llamaban al Seat 131 Supermirafiori de la Policía Armada (entonces grises). Consecuencia: 3 detenidos más, que fuimos trasladados y torturados en la Jefatura de Vía Layetana durante 3 largos días. Presentados ante el Juzgado, fuimos puestos en libertad provisional con cargos, el día de S. Jordi, a la espera de ser juzgados por el TOP (Tribunal de Orden Público)

De vuelta a la fábrica, intentaron despedirme, pero mis compañeros lo evitaron. Me “protegían” las leyes del Sindicato Vertical CNS, porque había sido elegido jurado de empresa por la UTT del Metal en las elecciones sindicales de 1976, en las que CCOO decidió participar para introducir troyanos o practicar el “entrismo”, técnica que consistía en destruir el sindicato fascista desde dentro.

Lideré la Huelga del Metal de diciembre de 1976 y mi fábrica permaneció en huelga 40 días. Las “cajas de resistencia” recogían dinero por las calles y mercados. Acabamos como siempre: pidiendo la readmisión de los despedidos y consiguiendo un leve aumento de sueldo, pero habíamos conseguido nuestro objetivo central: “agudizar las contradicciones entre la burguesía y el proletariado” y utilizar las huelgas para movilizar, educar y captar nuevos líderes obreros para la lucha política.

 

La mejorara de las condiciones de vida, eran la excusa perfecta para “agravar las contradicciones de clase”

El movimiento revolucionario antifascista siempre transformaba cualquier tipo de lucha reivindicativa, sobre los salarios, sobre la reclamación de una nueva escuela, hospital o semáforo, en una lucha política contra la Dictadura.

Finalmente consiguieron despedirme el 31 de Julio de 1977. Me llamaron al Dpto. de Personal a las 13’45 h. Esperaron que sonara la sirena a las 14’00, y cuando todos los trabajadores salieron pitando a buscar su seiscientos o su 124, para irse de vacaciones al pueblo, me dieron la carta de despido, sin vuelta atrás.

Sabían que siendo cargo sindical no me podían despedir a priori, sin un juicio previo en Magistratura, pero les daba igual. Tenían asumido que 60 días después, cuando ganara el juicio, que lo gané, defendido por Eduardo Martín Toval, me pagarían la indemnización correspondiente.

Quedó en la calle con 36.000 Pts de indemnización por 9 años trabajados y el carné de paro.

Cuando volvieron mis compañeros de vacaciones, la empresa, con la colaboración de los sindicatos amarillos y la CNT, habían corrido el bulo de que me había despedido voluntariamente.

 Después del despido en 1977, y hasta 1979 permanecí “liberado” por el Sindicato CSUT, y por el Partido PTE, hasta que se me agotó el carné de paro.

Lo que no había conseguido la Dictadura durante la clandestinidad, acabar con el PTE, lo consiguió la Democracia legalizándonos y dejándonos participar en las primeras elecciones parlamentarias de 1978.

Sin un solo diputado, no pudimos mantener la deuda bancaria de la campaña electoral. Los 15 militantes que habían avalado el crédito electoral de 15 millones de pesetas, entre los que me encontraba, nos quedamos sin piso y sin Partido.

Teniendo en cuenta que la expectativa de prepararme para ser un “comandante del Ejército Rojo” había quedado frustrada, aproveché las enseñanzas recibidas y con la victoria de la izquierda en los primeros ayuntamientos democráticos preparé oposiciones y entré en la Policía Local.

Aproveché la jornada intensiva de la Policía, para volver a estudiar y me matriculé en Criminología en la Facultad de Derecho de Barcelona.

 

Más tardé me pasé a Derecho. Después a Ciencias Políticas en la UNED.

No acabé ninguna de las 3 carreras. El activismo político inyectado en vena, me hizo afiliarme ese mismo año a UGT y al PSC, e inmediatamente me encargaron puestos de responsabilidad, que asumí restándome nuevamente tiempo a los estudios.
Simultáneamente iba preparando oposiciones internas para promocionar, cabo, sargento, subinspector, jefe de Pallejá, Jefe de Mollet. Siempre a costa de matricularme en pocas asignaturas en la universidad para mantener el tono.
Durante esos mismos años mi vida familiar evolucionó vertiginosamente. Pasé por 3 divorcios. La muerte de mi padre. Nueva boda -Esther- con nueva hija -Marta. El nacimiento de mi hijo -Omar; y la muerte de mi primera hija -Tania. Todo eso entre otros acontecimientos profesionales de cierto dramatismo que necesitaron un largo tiempo para la digestión.

Recuperada la estabilidad emocional, al tiempo que acabada la etapa de Jefe de Policía en Mollet, me propuse “sacarme la espinita” de la in-titulación; diplomándome en Seguridad y Prevención Integral en la UAB; un Máster de Políticas Públicas en la UPF; y otro Máster en Comunicación y Liderazgo en la UAB.

Después de la unificación de los estudios europeos por el “acuerdo de Bolonia”, por el que se suprimieron Diplomaturas y Licenciaturas, hice el curso puente y accedí al Grado de Seguridad Pública en la UAB.

En paralelo, y desde 1990, no dejé de estudiar Habilidades Directivas en diferentes cursos de Formación Profesional en entidades privadas; y acabé especializándome en la docencia de técnicas de Comunicación; Liderazgo; Coaching y Habilidades Directivas en general.

Después de haber sido alumno universitario, ininterrumpidamente, desde 1980 hasta 2010; hoy continúo vinculado a varias universidades como profesor.

Estudios y Titulaciones

Académicos

  • Estudios Primarios y Secundarios en la Academia Avellaneda y en el Instituto Jaime Balmes, de Barcelona, hasta 1970
  • Estudios inacabados de Criminología (UB); Derecho (UB)y Ciencias Políticas (UNED) 1980-1990
  • Graduado en Prevención y Seguridad Integral (UAB) 2003
  • Máster en Políticas Públicas (UPF) 2004-2005
  • Máster en Comunicación y Liderazgo (UAB) 2008

Deportivos

  • Cinturón Negro de Karate (Fed. Española Karate) 1980
  • Cinturón Negro de Jiu-Jitsu (Fed. Española de Judo) 1990 
  • Experto en Defensa Personal Policial (Consejo Superior de Deportes) 1992